La realidad de la Dependencia Funcional en Personas Mayores en Chile (Versión CASEN 2024)
Un análisis estadístico de la dependencia funcional y el cuidado en personas de 60 años y más con datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) 2024
CASEN 2024 · Personas de 60 años y más
1 de cada 7 personas mayores en Chile vive con dependencia funcional
El 14,1% de las personas de 60 años y más —552.797 personas— tiene dificultades para realizar actividades de la vida diaria y necesita la ayuda de otra persona para llevarlas a cabo.
Nivel de dependencia funcional
- 6,4%Severa248.475 personas
- 4,9%Moderada189.942 personas
- 2,9%Leve114.380 personas
- 85,9%Sin dependencia funcional
Cada figura representa al 1% de las personas mayores (unas 39 mil personas)
Hallazgos clave
- A los 70 añosuna mujer del quintil I de ingresos (más pobre) y sin educación formal ya tiene una probabilidad de dependencia funcional similar a la de un hombre de 85 años y más del quintil V (más acomodado) y con educación superior.→
- 62.800personas mayores con dependencia funcional no tienen persona cuidadora, y 18.100 de ellas viven solas y no reciben ayuda alguna.→
- La mitadde las personas mayores cuidadas en su hogar, el 49%, recibe cuidado de otra persona mayor, y en 6 de cada 10 casos quien cuida es una mujer.→
- 16 puntosmenos de ocupación laboral entre quienes cuidan a una persona mayor con dependencia funcional (54%) que entre quienes no cuidan (71%).→
- 6 vecesmás dependencia funcional en las personas mayores sin educación formal (38%) que en quienes tienen educación superior (6%).→
- 1 de cada 2personas de 85 años y más vive con dependencia funcional (5% entre los 60 y 64 años).→
Contexto
Un fenómeno reconocido por el Estado de Chile: el país envejece rápidamente y con ello crece el número de personas mayores que necesitan ayuda de otras para realizar las actividades de la vida diaria. Conocer cuántas son, quiénes son, quién las cuida y qué costo tiene ese cuidado es la base para diseñar un sistema de cuidados.
En este caso en particular, se eligió una variable central para caracterizar la vejez, la dependencia funcional. Para ENDIDE (2022), la dependencia funcional es una “situación” en la que se presentan dos elementos de manera conjunta: (i) una limitación (más o menos severa) de una persona para realizar actividades, por motivos de salud, en interacción con los factores del contexto ambiental, y (ii) una necesidad de ayuda por parte de otra(s) persona(s). No obstante, es más que una “situación”, es un estado que supone “individuo” y “situación” de manera simultánea.
Esta definición guía todo el análisis: no basta con tener una limitación; la dependencia funcional existe cuando esa limitación va acompañada de la necesidad de ayuda de otra persona.
Así entonces, este proyecto complementa el análisis realizado con ENDIDE 2022. CASEN 2024 tiene una muestra mucho mayor y permite, además, identificar quién cuida dentro del hogar: su edad, su sexo, su parentesco y su situación laboral.
Preguntas que guían el análisis:
- ¿Cuántas personas mayores viven con dependencia funcional y con qué severidad?
- ¿Cómo cambia la dependencia funcional con la edad y entre mujeres y hombres?
- ¿Qué desigualdades sociales, previsionales y territoriales la atraviesan?
- ¿Quién cuida a las personas mayores con dependencia funcional y qué costo laboral tiene cuidar?
- ¿Qué personas mayores con dependencia funcional se encuentran en situación de mayor riesgo?
Datos
- Fuente: Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) 2024, del Ministerio de Desarrollo Social y Familia.
- Población analizada: personas de 60 años y más (51.861 casos). Se trabajó con la base completa de la encuesta (todas las edades), y las personas mayores se analizaron como subpoblación, sin eliminar casos.
- Variable central: dependencia funcional y su grado (leve, moderada y severa), indicador construido por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia a partir de las dificultades para realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria y de la ayuda que la persona necesita para realizarlas.
- Persona cuidadora: CASEN pregunta si la persona recibe ayuda permanente de algún integrante del hogar y de quién se trata, y si recibe ayuda de alguien externo al hogar. Con el número de persona informado se enlazó a cada persona mayor con su persona cuidadora principal del hogar, para conocer su edad, sexo, parentesco, situación laboral y si ella misma tiene dependencia funcional.
- Variables sociales: quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar, nivel educacional, pobreza por ingresos, pobreza multidimensional, sistema previsional de salud, región y zona (urbana o rural).
CASEN y ENDIDE no son directamente comparables. Ambas encuestas miden la dependencia funcional con preguntas e instrumentos distintos, por lo que sus prevalencias difieren (14,1% en CASEN 2024 y 22,2% en ENDIDE 2022). La comparación entre ambas fuentes se abordará en otro proyecto.
Método
- Estimaciones con diseño muestral complejo (estratos de varianza, conglomerados y factor de expansión regional), con intervalos de confianza al 95% y coeficiente de variación.
- Validación: las estimaciones reproducen las cifras oficiales de dependencia funcional de CASEN 2024 para la población de 15 años y más (4,7%).
- Criterio de calidad: estimaciones con menos de 60 casos o coeficiente de variación mayor a 30% se señalan como poco fiables.
- Pobreza multidimensional: se usó la metodología 2015, porque la medición 2024 incluye como carencia del hogar tener integrantes con dependencia funcional o sin cuidado; cruzarla con la dependencia funcional sería circular.
- Regresión logística con diseño muestral para estimar la asociación de cada factor manteniendo constantes los demás.
Resultados
1. La dependencia funcional se acelera con la edad, y afecta más a las mujeres
Porcentaje de personas de 60 años y más con dependencia funcional. Las bandas muestran el intervalo de confianza al 95%. Usa los botones para ver cada nivel de dependencia funcional (leve, moderada y severa). Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
La dependencia funcional crece de manera acelerada con la edad: entre los 60 y 64 años afecta al 5% de las personas, a los 75 a 79 años al 18%, y sobre los 85 años a más de la mitad, con un 52,9%. Lo que más cambia es la severidad: la dependencia funcional severa es poco frecuente antes de los 70 años, donde afecta al 2%, pero alcanza al 30% de las personas de 85 años y más.
Las mujeres mayores presentan más dependencia funcional que los hombres, con un 16,7% frente a un 11,0%, y su prevalencia es mayor en cada tramo de edad. En ese sentido, la brecha no se explica solo porque las mujeres vivan más. La diferencia se amplía con los años: a los 85 años y más, el 57,6% de las mujeres vive con dependencia funcional, frente al 43,5% de los hombres. La dependencia funcional leve es más frecuente en las mujeres en todas las edades, y después de los 80 años la dependencia severa aumenta de forma intensa, sobre todo en ellas, con un 33% frente a un 25% en los hombres de 85 años y más.
2. La desigualdad de ingresos marca la dependencia funcional, sobre todo antes de los 80 años
Porcentaje de personas con dependencia funcional según quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar (quintil I: 20% de hogares con menores ingresos; quintil V: 20% con mayores ingresos). Las líneas sobre cada barra muestran el intervalo de confianza al 95%. Usa los botones para ver solo la dependencia funcional severa. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
La dependencia funcional parece seguir una gradiente social: entre las personas mayores del 20% de hogares con menores ingresos (quintil I) alcanza el 18,9%, y en el 20% con mayores ingresos (quintil V), el 7,3%. Las personas mayores del quintil I tienen 2,6 veces la dependencia funcional de las del quintil V, y la proporción baja de manera sostenida en cada quintil.
La brecha no se explica por diferencias de edad entre quintiles: se observa dentro de cada tramo, y es más intensa en las edades menores. Entre los 60 y 69 años, la dependencia funcional es seis veces mayor en el quintil I (9,6%) que en el quintil V (1,5%), y entre los 70 y 79 años, el doble (16,6% frente a 7,7%). Sobre los 80 años, la diferencia se reduce (42,7% frente a 33,3%): en las edades más avanzadas, el deterioro asociado a la edad tiende a igualar las condiciones de salud entre grupos sociales, un patrón que también se observó con ENDIDE.
3. La pobreza multidimensional tiene un efecto mayor a medida que aumenta la edad
Porcentaje de personas con dependencia funcional según situación de pobreza multidimensional (metodología 2015) y pobreza por ingresos. Usa los botones para cambiar entre ambas mediciones. Las líneas junto a cada punto muestran el intervalo de confianza al 95%. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
Importante: las dos formas de medir la pobreza muestran patrones distintos. La pobreza multidimensional (que considera carencias en educación, salud, trabajo y seguridad social, y vivienda) se asocia con una brecha que crece con la edad: de 3 puntos entre los 60 y 69 años, con 8,0% frente a 5,1%; a casi 7 puntos entre los 70 y 79, con 19,7% frente a 13,0%; y a 14 puntos sobre los 80 años, con 53,3% frente a 39,6%.
La pobreza por ingresos, en cambio, marca diferencias antes de los 80 años (8,5% frente a 5,3% entre los 60 y 69 años), pero no después (42,1% frente a 40,9%). Es decir, para las personas de más edad, las condiciones de vida acumuladas —vivienda, salud, seguridad social— parecen pesar más que el ingreso del momento.
4. El nivel educacional condiciona la dependencia funcional en todas las edades
Porcentaje de personas con dependencia funcional según el nivel educacional alcanzado. Las líneas sobre cada barra muestran el intervalo de confianza al 95%. Usa los botones para ver solo la dependencia funcional severa. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
El nivel educacional marca la brecha más amplia. Entre las personas mayores sin educación formal, el 38,1% vive con dependencia funcional: seis veces más que entre quienes alcanzaron la educación superior (6,0%). Entre ambos extremos, la proporción baja de manera escalonada: 19,2% con educación básica y 11,0% con educación media. En la dependencia funcional severa la diferencia es todavía mayor: 20,5% frente a 2,7%, siete veces más.
A diferencia del ingreso, la brecha educacional se mantiene en todas las edades, incluso sobre los 80 años, donde la dependencia funcional llega al 52% entre quienes no tienen educación formal y al 24% entre quienes tienen educación superior. La educación, adquirida en la juventud, aparece así como un condicionante de largo plazo, posiblemente a través de las trayectorias de trabajo, salud y acceso a recursos que acompañan a cada nivel educacional. Al tratarse de un estudio transversal, estas relaciones son asociaciones y no permiten establecer causalidad.
5. La práctica del cuidado tiene lugar mayormente en el propio hogar (una vez más)
- A la izquierda están las personas mayores con dependencia funcional, separadas según su nivel: leve, moderada y severa.
- A la derecha se ve de dónde proviene su cuidado: solo de alguien de su hogar, de alguien del hogar y de alguien externo, solo de alguien externo al hogar, o de nadie.
- Cada franja representa un grupo de personas: mientras más gruesa, más personas.
- Ejemplo: de las 114 mil personas mayores con dependencia funcional leve, 20 mil (18%) no tienen persona cuidadora. En la dependencia funcional moderada son 31 mil de 190 mil (16%), y en la severa, 12 mil de 248 mil (5%).
- En resumen: 3 de cada 4 personas mayores con dependencia funcional reciben cuidado de alguien de su propio hogar (solo o junto con alguien externo).
Población estimada de personas de 60 años y más con dependencia funcional, según si reciben asistencia o ayuda permanente de algún integrante del hogar y/o de alguna persona externa al hogar. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
El cuidado de las personas mayores con dependencia funcional ocurre principalmente dentro del hogar: el 48,8% recibe cuidado solo de alguien de su hogar y el 24,2% de alguien del hogar y de alguien externo. Solo el 15,6% es cuidado exclusivamente por personas externas al hogar —familiares que viven en otra vivienda, vecinos o personas contratadas—.
El 11,4%, unas 62.800 personas, no tiene persona cuidadora. Esta situación es más frecuente en la dependencia funcional leve (18%) y moderada (16%), pero alcanza también al 5% de quienes tienen dependencia funcional severa: unas 11.700 personas que requieren ayuda de forma intensa y permanente y no la reciben.
6. Quién cuida: la mitad del cuidado en el hogar lo realizan otras personas mayores
Distribución de las personas de 60 años y más con dependencia funcional cuidadas por alguien de su hogar, según la edad de su persona cuidadora principal. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
Entre las personas mayores con dependencia funcional que reciben cuidado en su hogar, el 48,7% es cuidado por otra persona de 60 años y más: el 34,3% por alguien de 60 a 74 años y el 14,4% por alguien de 75 años y más. Las personas de 45 a 59 años —en plena edad laboral— realizan otro 31,3% del cuidado. La proporción de personas cuidadoras mayores es similar en los tres niveles de dependencia funcional.
Relación de la persona cuidadora principal del hogar con la persona mayor con dependencia funcional, según la edad de quien cuida. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
El parentesco cambia con la edad de quien cuida. En total, cuidan sobre todo hijas e hijos (46,3%) y cónyuges o parejas (33,3%). Antes de los 60 años, el cuidado lo realizan principalmente hijas e hijos (74% entre las personas cuidadoras de 45 a 59 años) y, entre las más jóvenes, nietas y nietos (48% de quienes tienen menos de 30 años). Desde los 75 años, en cambio, cuida sobre todo el cónyuge (83%): es el cuidado entre personas mayores de una misma pareja.
Relación de la persona cuidadora principal del hogar con la persona mayor con dependencia funcional, según el sexo de la persona mayor. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
El cuidado también tiene rostro de mujer, pero de forma distinta según quién recibe el cuidado. A los hombres mayores con dependencia funcional los cuida sobre todo su pareja (52%), y en el 86% de los casos quien cuida es una mujer. A las mujeres mayores, en cambio, las cuidan sobre todo sus hijas e hijos (56%), y quien cuida es mujer en el 52% de los casos. En conjunto, el 64% de las personas cuidadoras principales del hogar son mujeres.
7. Cuidar tiene un costo laboral, sobre todo para las mujeres
Porcentaje de personas de 18 a 59 años ocupadas laboralmente, según si son o no la persona cuidadora principal de una persona mayor con dependencia funcional de su hogar. Las líneas muestran el intervalo de confianza al 95%. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
Entre las personas de 18 a 59 años, quienes cuidan a una persona mayor con dependencia funcional tienen una tasa de ocupación de 54%, 16 puntos menos que quienes no cuidan (71%). La diferencia se observa en mujeres y hombres y en todos los tramos de edad, y se refleja en una mayor inactividad: el 38% de quienes cuidan está fuera de la fuerza de trabajo, frente al 23% de quienes no cuidan.
Las mujeres que cuidan son las que menos trabajan de forma remunerada: entre los 45 y 59 años, solo el 48% está ocupada (frente a 64% de las mujeres de la misma edad que no cuidan), y el 44% de las mujeres cuidadoras está inactiva. Además, ellas son la mayoría de quienes cuidan: 6 de cada 10 personas cuidadoras en edad laboral son mujeres. En los hombres de 45 a 59 años la brecha también es amplia (65% frente a 86%), aunque son muchos menos los que cuidan. Estos resultados muestran asociaciones: no permiten saber si las personas dejan de trabajar para cuidar, o si cuida quien ya estaba fuera del mercado laboral.
8. Las personas mayores con dependencia funcional en situación de mayor riesgo
Población estimada de personas de 60 años y más con dependencia funcional en cada situación. Los grupos no son excluyentes: una misma persona puede estar en más de una situación. La edad y la dependencia funcional de la persona cuidadora se obtienen de su registro en el mismo hogar. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
Detrás de los promedios hay grupos especialmente expuestos. Además de las 62.800 personas mayores con dependencia funcional que no tienen persona cuidadora, 18.100 viven solas y no reciben ayuda alguna, y 11.700 tienen dependencia funcional severa y nadie que las cuide.
Otro riesgo es menos visible: el de quien cuida. 58.100 personas mayores con dependencia funcional son cuidadas en su hogar por alguien de 75 años o más (28.400 por alguien de 80 y más años), y 25.100 son cuidadas por otra persona que también tiene dependencia funcional. Son hogares donde el cuidado descansa en personas que, a su vez, pueden necesitar apoyo. Finalmente, 12.100 personas mayores no tienen persona cuidadora y viven en pobreza multidimensional.
9. La dependencia funcional también varía territorialmente
- Cada punto es una región, ordenadas de norte (arriba) a sur (abajo). El número indica el porcentaje de personas mayores de esa región que vive con dependencia funcional.
- La línea punteada vertical es el promedio nacional: en Chile, el 14,1% de las personas de 60 años y más —unas 553 mil personas— vive con dependencia funcional. La franja gris que la rodea es su margen de error (entre 13,7% y 14,5%).
- La línea horizontal de cada región es su margen de error (intervalo de confianza al 95%): el valor real de la región se encuentra, con alta probabilidad, dentro de ese rango. Las regiones con menos personas encuestadas tienen líneas más largas.
- Una región está sobre el promedio nacional solo cuando su línea no toca la franja gris. Si la toca (en gris), la diferencia con el promedio no es concluyente.
- Ejemplo: en Los Lagos, el 17,5% de las personas mayores vive con dependencia funcional, más de 3 puntos sobre el promedio nacional.
Porcentaje de personas de 60 años y más con dependencia funcional en cada región. El criterio de comparación con el promedio nacional (intervalos que no se traslapan) es conservador: diferencias pequeñas pueden no aparecer como significativas. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
La prevalencia de la dependencia funcional es mayor en el centro-sur del país: Ñuble (17,2%), Biobío (15,7%), Los Ríos (16,7%) y Los Lagos (17,5%) superan claramente el promedio nacional, y La Araucanía (15,0%) también presenta valores altos. En el resto de las regiones, la dependencia funcional se ubica entre 12% y 14%, sin diferencias concluyentes con el promedio.
La zona también marca una diferencia, aunque pequeña: la dependencia funcional es algo mayor en las zonas rurales (15,2%) que en las urbanas (13,9%), en todos los tramos de edad. Esta diferencia refleja sobre todo la composición de la población rural, de más edad y con menos años de estudio: al considerar todos los factores a la vez en el modelo, la relación se invierte levemente.
10. El tipo de previsión de salud también refleja las desigualdades sociales
Porcentaje de personas con dependencia funcional según sistema previsional de salud, por tramo de edad. Las líneas sobre cada barra muestran el intervalo de confianza al 95%. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
El 87,9% de las personas mayores está afiliado a FONASA, el 8,3% a Isapre y el 2,7% a las Fuerzas Armadas y de Orden. La dependencia funcional es mucho menor entre las personas mayores con Isapre (6,1%) que en FONASA (14,9%), y la diferencia se mantiene en todos los tramos de edad.
Sin embargo, la previsión de salud está estrechamente ligada al ingreso y a la educación. Al incorporarla en el modelo de regresión junto con esos factores, la diferencia entre Isapre y FONASA deja de ser significativa (OR = 0,84; IC 95%: 0,69 – 1,03). La menor dependencia funcional en Isapre refleja así, sobre todo, la posición socioeconómica de sus afiliados.
11. Todo a la vez: ¿qué factores se asocian con la dependencia funcional?
Los gráficos anteriores muestran cada factor por separado. Pero la edad, los ingresos y la educación están relacionados entre sí: las personas mayores de más edad suelen tener menos años de estudio, y quienes tienen menos educación suelen vivir en hogares de menores ingresos. Para distinguir el peso de cada uno se estimó un modelo de regresión logística con diseño muestral complejo, que considera simultáneamente la edad, el sexo, el quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar, el nivel educacional y la zona (urbana o rural).
- Cada línea es un perfil de persona mayor. El modelo estima qué probabilidad tiene ese perfil de vivir con dependencia funcional en cada rango de edad.
- La línea granate es una mujer de un hogar del quintil I de ingresos (20% de menores ingresos) y sin educación formal; la azul, un hombre del quintil V (20% de mayores ingresos) con educación superior; la gris punteada, una mujer del quintil III con educación media.
- La línea horizontal punteada parte del punto granate de 70 a 74 años (27%) y llega hasta el último punto azul (85 años y más, 25%): ambos perfiles tienen una probabilidad similar, aunque los separan 15 años de edad. No muestra lo que le ocurrirá a una misma persona con los años, sino una comparación entre personas distintas en un mismo momento.
- Son probabilidades estimadas por el modelo para perfiles tipo en zona urbana, no porcentajes observados directamente en la encuesta.
Probabilidades predichas a partir de una regresión logística binaria (con dependencia funcional = 1) estimada con muestras complejas (estrato de varianza, conglomerado y factor de expansión regional), en la subpoblación de 60 años y más (n = 51.539). R² de Nagelkerke = 0,23. Fuente: elaboración propia con datos de CASEN 2024 (MDSF).
Al considerar todos los factores a la vez, la edad, el sexo, el ingreso y la educación mantienen una asociación significativa con la dependencia funcional (p < 0,001 en todos los casos). La zona muestra una asociación pequeña (p = 0,01): con igual edad, sexo, ingreso y educación, las personas de zonas urbanas tienen chances algo mayores que las de zonas rurales.
| Factor (categoría de referencia) | Categoría | Razón de odds (OR) | IC 95% |
|---|---|---|---|
| Edad (60–64 años) | 85 años y más | 16,1 | 14,2 – 18,3 |
| Sexo (hombre) | Mujer | 1,39 | 1,30 – 1,49 |
| Ingreso (quintil V, mayores ingresos) | Quintil I | 1,75 | 1,46 – 2,10 |
| Quintil II | 1,65 | 1,38 – 1,99 | |
| Quintil III | 1,27 | 1,06 – 1,54 | |
| Quintil IV | 1,14 (n.s.) | 0,94 – 1,39 | |
| Educación (superior) | Sin educación formal | 3,70 | 3,04 – 4,50 |
| Básica | 2,15 | 1,87 – 2,47 | |
| Media | 1,46 | 1,27 – 1,69 | |
| Zona (rural) | Urbana | 1,12 | 1,03 – 1,22 |
OR mayor que 1: mayores chances de dependencia funcional que la categoría de referencia, manteniendo constantes los demás factores. n.s.: no significativo. Edad: la razón de odds crece en cada tramo respecto de 60–64 años (65–69: 1,2; 70–74: 2,0; 75–79: 3,2; 80–84: 6,6; 85 y más: 16,1). Al agregar la previsión de salud al modelo, Isapre no se diferencia significativamente de FONASA (OR = 0,84) y los demás resultados casi no cambian.
- Sexo: con igual edad, ingreso y educación, las mujeres mayores tienen 1,4 veces las chances de vivir con dependencia funcional que los hombres.
- Ingreso: las personas mayores de los quintiles I, II y III presentan mayores chances que las del quintil V; la brecha es mayor en los quintiles I y II (1,7 veces).
- Educación: no haber tenido educación formal multiplica por 3,7 las chances respecto de la educación superior, y la educación básica las duplica. A diferencia de ENDIDE, en CASEN incluso la educación media se diferencia de la superior.
El resultado más elocuente aparece en el gráfico: una mujer de 70 a 74 años, del quintil I de ingresos y sin educación formal, tiene una probabilidad de vivir con dependencia funcional (27%) similar a la de un hombre de 85 años y más, del quintil V y con educación superior (25%). Es decir, la diferencia en sus condiciones sociales pesa tanto como una diferencia de 15 años de edad. Entre los 60 y 64 años, la probabilidad del primer perfil (16%) es ocho veces la del segundo (2%).
Esta comparación debe leerse con cautela. Como CASEN observa a las personas en un solo momento, no permite afirmar que la desigualdad adelante la dependencia funcional en la trayectoria de cada persona: se comparan personas distintas, de generaciones distintas, y no a las mismas personas a lo largo del tiempo. Además, las personas de 85 años y más son quienes sobrevivieron hasta esa edad, lo que puede subestimar las diferencias en los tramos de más edad.
Estos resultados describen asociaciones, no relaciones causales, y el modelo explica una parte acotada de la variación (R² de Nagelkerke = 0,23). Aun así, muestran que la dependencia funcional en la vejez no depende solo de la edad, sino también de las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida.
Conclusiones
La dependencia funcional alcanza a una de cada siete personas mayores. El 14,1% de las personas de 60 años y más —552.797 personas— vive con dependencia funcional, y el 6,4% presenta dependencia funcional severa. La prevalencia crece con la edad hasta alcanzar a más de la mitad de las personas de 85 años y más, y es mayor en las mujeres en todos los tramos de edad.
La dependencia funcional va de la mano con la desigualdad social. El ingreso, la pobreza multidimensional y, sobre todo, el nivel educacional marcan brechas amplias. Aun considerando la edad, el sexo y la zona, el ingreso y la educación mantienen una asociación significativa: la distancia entre los perfiles sociales extremos equivale a unos 15 años de edad. La menor dependencia funcional en Isapre refleja principalmente estas mismas diferencias socioeconómicas.
La práctica del cuidado de la persona mayor tiene lugar mayormente en el hogar y recae en mujeres y en personas mayores. Tres de cada cuatro personas mayores con dependencia funcional son cuidadas por alguien de su hogar. La mitad de ese cuidado lo realizan otras personas mayores (sobre todo cónyuges) y 6 de cada 10 personas cuidadoras son mujeres.
Cuidar tiene un costo laboral. Quienes cuidan en edad laboral tienen una ocupación 16 puntos menor que quienes no cuidan, y las mujeres cuidadoras son las que menos participan en el trabajo remunerado.
Hay grupos en situación de mayor riesgo. 62.800 personas mayores con dependencia funcional no tienen persona cuidadora, 18.100 viven solas sin ayuda alguna y miles son cuidadas por personas muy mayores o que también tienen dependencia funcional.
El territorio también importa. La dependencia funcional es mayor en el centro-sur del país, entre Ñuble y Los Lagos.
En conjunto, estos resultados sugieren que las políticas de cuidado deberían considerar no solo la edad de las personas mayores, sino también las desigualdades sociales y territoriales que acompañan a la dependencia funcional, y apoyar a quienes cuidan: mujeres en edad laboral y personas mayores que cuidan a otras personas mayores.
Alcances del análisis: CASEN 2024 es una encuesta transversal, por lo que los resultados describen asociaciones y no relaciones causales. La dependencia funcional se mide a partir de lo que informan las personas encuestadas. Las características de la persona cuidadora solo pueden conocerse cuando vive en el mismo hogar; del cuidado externo al hogar no se dispone de esa información.
Herramientas
- Muestras complejas: estimaciones con diseño muestral, intervalos de confianza y regresión logística binaria, con las personas mayores como subpoblación.
- Python: verificación independiente de las estimaciones y del enlace entre cada persona mayor y su persona cuidadora del hogar.
- Plotly: visualizaciones interactivas para la web.
- Quarto: publicación de esta página.