La realidad de la Dependencia Funcional en Personas Mayores en Chile (ENDIDE 2022)
Un análisis estadístico de la dependencia funcional en personas de 60 años y más con datos de la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) 2022
ENDIDE 2022 · Personas de 60 años y más
1 de cada 5 personas mayores en Chile vive con dependencia funcional
El 22,2% de las personas de 60 años y más (798.282 personas) tiene dificultades para realizar actividades de la vida diaria y necesita la ayuda de otra persona para llevarlas a cabo.
Nivel de dependencia funcional
- 8,0%Severa288.346 personas
- 8,7%Moderada311.303 personas
- 5,5%Leve198.633 personas
- 77,8%Sin dependencia funcional
Cada figura representa al 1% de las personas mayores (unas 36 mil personas)
Hallazgos clave
- A los 60 añoslas personas mayores más pobres (quintil I) y sin educación ya tienen la misma probabilidad de dependencia funcional que las personas mayores con más dinero (quintil V) a los 85 años.→
- 32%de las personas mayores con dependencia funcional no cuenta con una persona cuidadora (254.701 personas).→
- 6 de cada 10personas de 85 años y más viven con dependencia funcional, frente a un 13% entre los 60 y 64 años.→
- 1,6 vecesmás dependencia funcional en mujeres, con un 26%, que en hombres, con un 17%.→
- Casi el triplede personas mayores con dependencia funcional, en proporción, hay en La Araucanía, con un 31%, que en Magallanes, con un 11%.→
Contexto
Chile atraviesa un acelerado proceso de envejecimiento demográfico, que plantea crecientes desafíos para la organización de los cuidados. En este escenario, conocer la magnitud de la dependencia funcional, las características de quienes la experimentan y su distribución territorial constituye un insumo fundamental para identificar necesidades de apoyo y orientar el diseño de políticas públicas y de un sistema de cuidados que responda a las distintas realidades de las personas mayores.
Dependencia funcional
La dependencia funcional se entiende como una situación en la que las personas requieren asistencia o apoyo de terceros para realizar actividades de la vida cotidiana, debido a limitaciones físicas, cognitivas o psíquicas (Consejo de Europa, 1998). Estas actividades comprenden acciones básicas de autocuidado, como bañarse, vestirse y alimentarse, así como actividades instrumentales necesarias para desenvolverse de manera independiente en el hogar y la comunidad (Katz et al., 1963; Lawton y Brody, 1969).
Respecto de lo anterior, la dependencia funcional debe distinguirse de la discapacidad. Mientras esta última comprende una construcción simbólica que combina las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación que surgen de la interacción entre las condiciones de salud y los factores contextuales, la dependencia se refiere específicamente a la necesidad de asistencia para realizar actividades cotidianas (OMS, 2001). En consecuencia, una persona con discapacidad puede mantener su independencia funcional mediante adaptaciones, tecnologías de apoyo o condiciones ambientales favorables; del mismo modo, una persona puede requerir asistencia sin contar con un reconocimiento formal de discapacidad.
Aunque la dependencia funcional aumenta con la edad, no constituye una consecuencia inevitable del envejecimiento. Su expresión involucra las capacidades individuales, las condiciones sociales y ambientales y la disponibilidad de apoyos. Por ello, su estudio permite comprender tanto las necesidades de cuidado como las desigualdades en el acceso a estos apoyos.
Preguntas que guían el análisis:
- ¿Cuántas personas mayores viven con dependencia funcional y con qué severidad?
- ¿Cómo cambia la dependencia funcional con la edad y entre mujeres y hombres?
- ¿Qué desigualdades sociales y territoriales la atraviesan?
- ¿Reciben las personas dependientes la ayuda que necesitan?
Datos
- Fuente: Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) 2022, de SENADIS y el Ministerio de Desarrollo Social y Familia.
- Población analizada: personas de 60 años y más (9.171 casos, que representan a 3,6 millones de personas mayores).
- Variable central: nivel de dependencia funcional (sin dependencia funcional, leve, moderada y severa), construida a partir del tipo de actividad comprometida, la frecuencia con que se necesita ayuda y la cantidad de actividades comprometidas.
Método
- Estimaciones con diseño muestral complejo (estratos, conglomerados y factor de expansión), con intervalos de confianza al 95% y coeficiente de variación.
- Validación: la prevalencia estimada reproduce la cifra oficial de ENDIDE 2022 para personas de 60 años y más, que es de 22,2%.
- Criterio de calidad: estimaciones con menos de 60 casos o coeficiente de variación mayor a 30% se señalan como poco fiables.
- Análisis de asociación con pruebas para muestras complejas y regresión logística con diseño muestral para estimar brechas ajustadas por edad.
Resultados
1. La dependencia funcional se acelera con la edad, y afecta más a las mujeres
Porcentaje de personas de 60 años y más con dependencia funcional. Las bandas muestran el intervalo de confianza al 95%; los puntos huecos, estimaciones con menos de 60 casos. Usa los botones para ver la dependencia funcional leve, moderada o severa. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
La dependencia funcional no aumenta del mismo modo: hasta los 74 años aumenta lentamente, del 13% al 18%, pero desde los 75 se acelera, y sobre los 85 años 6 de cada 10 personas viven con dependencia funcional. Lo que más cambia es la severidad: la dependencia funcional severa pasa de 3% entre los 60 y 64 años a 38% en las personas de 85 y más.
Las mujeres mayores presentan más dependencia funcional que los hombres, con 26,4% frente a 16,9%, y su prevalencia es mayor en todos los tramos de edad. La brecha no se explica solo porque las mujeres vivan más: se observa también al comparar a mujeres y hombres de la misma edad. En la dependencia funcional severa, la diferencia se concentra después de los 85 años, con un 41% frente a un 31%.
2. La desigualdad de ingresos marca la dependencia funcional, hasta los 80 años
Porcentaje de personas con dependencia funcional según quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar. Las líneas sobre cada barra muestran el intervalo de confianza al 95%. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
La dependencia funcional presenta un marcado gradiente social según el nivel de ingresos. Afecta al 27% de las personas mayores pertenecientes al quintil de menores ingresos, frente al 14% de aquellas del quintil más rico, lo que representa una prevalencia casi dos veces mayor en el grupo más vulnerable.
Esta desigualdad también se observa al comparar personas de edades similares. Entre los 60 y 69 años, la dependencia funcional alcanza al 19% de las personas del quintil más pobre, frente al 7% del más rico. Entre los 70 y 79 años, la diferencia se mantiene, con prevalencias del 26% y 16%, respectivamente. Sin embargo, a partir de los 80 años, la dependencia funcional afecta a cerca de la mitad de las personas mayores de todos los quintiles, reduciéndose el efecto de las diferencias socioeconómicas.
3. El nivel educacional condiciona la dependencia funcional, incluso después de los 80 años
Porcentaje de personas con dependencia funcional según el nivel educacional alcanzado. Las líneas sobre cada barra muestran el intervalo de confianza al 95%; el grupo sin educación formal tiene pocos casos en cada tramo de edad, por lo que sus intervalos son más amplios. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
El nivel educacional marca una brecha aún mayor que el ingreso. Entre las personas mayores que nunca asistieron a la escuela, la mitad, un 52%, vive con dependencia funcional: casi cuatro veces más que entre quienes alcanzaron la educación superior, con un 14%. En la dependencia funcional severa la diferencia es todavía mayor: 27% frente a 3%.
A diferencia del ingreso, la brecha educacional se mantiene en todas las edades, incluso sobre los 80 años, donde la dependencia funcional llega al 63% entre quienes no tienen educación formal y al 34% entre quienes tienen educación superior. La educación, adquirida en la juventud, aparece así como un condicionante de largo plazo: se asocia a menor dependencia funcional durante toda la vejez, posiblemente a través de las trayectorias de trabajo, salud y acceso a recursos que acompañan a cada nivel educacional. Al tratarse de un estudio transversal, estas relaciones son asociaciones y no permiten establecer causalidad.
4. Una de cada tres personas mayores con dependencia funcional no tiene quien la cuide
- A la izquierda están las personas mayores con dependencia funcional, separadas según su nivel: leve, moderada y severa.
- A la derecha se ve qué ocurre con ellas: si tienen o no una persona que las cuide y, cuando la tienen, si su cuidador principal es una mujer o un hombre.
- Cada franja representa un grupo de personas: mientras más gruesa, más personas. Las franjas naranjas muestran a quienes no tienen persona cuidadora.
- Ejemplo: de las 199 mil personas mayores con dependencia funcional leve, 117 mil, el 59%, no tienen persona cuidadora. En la dependencia funcional moderada son 102 mil de 311 mil, el 33%, y en la severa, 35 mil de 288 mil, el 12%.
- En resumen: a mayor dependencia funcional, más personas reciben cuidado, pero incluso en la severa 1 de cada 8 no lo tiene. Y cuando hay cuidado, en 3 de cada 4 casos lo entrega una mujer.
Población estimada de personas de 60 años y más con dependencia funcional. “Con persona cuidadora”: declara al menos una persona que la cuida; el sexo corresponde a su cuidador o cuidadora principal, viva o no en el mismo hogar. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
La dependencia funcional implica necesitar la ayuda de otra persona, pero esa ayuda no siempre llega. El 32% de las personas mayores con dependencia funcional, cerca de 255 mil personas, no tiene una persona que la cuide. La cobertura aumenta con la severidad, pero no es completa: no tiene persona cuidadora el 59% de quienes presentan dependencia funcional leve, el 33% de quienes presentan dependencia funcional moderada y el 12% de quienes presentan dependencia funcional severa, unas 35 mil personas que requieren ayuda de forma intensa y permanente. Dentro de cada nivel, la cobertura es similar entre mujeres y hombres.
El cuidado, además, tiene rostro de mujer y de vejez: 3 de cada 4 personas mayores con persona cuidadora son cuidadas principalmente por una mujer (8 de cada 10 en la dependencia funcional severa), y el 44% de quienes cuidan tiene 60 años o más. Es decir, buena parte del cuidado de las personas mayores lo realizan otras personas mayores, un fenómeno que se analiza en el proyecto sobre personas mayores cuidadoras.
5. ¿En qué actividades necesitan ayuda las personas mayores con dependencia funcional?
- Cada fila es una actividad de la vida diaria, ordenada de la que más ayuda requiere (arriba) a la que menos (abajo).
- Cada celda muestra el porcentaje de personas mayores con dependencia funcional que necesita ayuda muchas veces o siempre para esa actividad. Mientras más intenso el color, mayor el porcentaje.
- La columna Total resume a todas las personas con dependencia funcional; las otras tres separan por nivel: leve, moderada y severa.
- Ejemplo: el 70% necesita ayuda para hacer compras o ir al médico. En la dependencia funcional leve son 33%; en la severa, 88%.
- Las actividades destacadas en color son de cuidado personal: casi nadie necesita ayuda para ellas en la dependencia funcional leve o moderada, pero en la severa la necesitan entre 3 y 7 de cada 10 personas.
Necesita ayuda: declara necesitar ayuda de otra persona “muchas veces” o “siempre” para realizar la actividad. A quienes no declararon dificultad en una actividad no se les preguntó por la ayuda y se cuentan como sin necesidad de ayuda. La columna Total es el promedio de los tres niveles ponderado por su población. Este análisis describe el contenido de la dependencia funcional y no sus causas, ya que estas actividades forman parte de su medición. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
La necesidad de ayuda sigue un orden. Las primeras actividades en requerir apoyo son las que ocurren fuera de la casa: hacer compras o ir al médico, que alcanza el 70%; caminar o subir peldaños, el 62%; y salir a la calle, el 61%. Ya en la dependencia funcional moderada, dos de cada tres personas necesitan ayuda para salir a la calle.
Las actividades de cuidado personal (asearse, vestirse, usar el baño, acostarse o alimentarse) presentan bajos requerimientos de ayuda en los niveles leve y moderado de dependencia funcional, inferiores al 8%. Sin embargo, en la dependencia severa, entre el 32% y el 67% de las personas mayores requiere asistencia para realizarlas. Este patrón es consistente con la evidencia longitudinal de Edjolo et al. (2016), quienes identifican una secuencia jerárquica de pérdida funcional: las limitaciones aparecen inicialmente en las actividades instrumentales y, posteriormente, se extienden a las actividades básicas de autocuidado, alcanzando las mayores restricciones en las etapas más avanzadas de dependencia.
6. La dependencia funcional también varía según el territorio
- Cada punto es una región, ordenadas de norte (arriba) a sur (abajo). El número indica el porcentaje de personas mayores de esa región que vive con dependencia funcional.
- La línea punteada vertical es el promedio nacional: en Chile, el 22,2% de las personas de 60 años y más (unas 798 mil personas) vive con dependencia funcional. La franja gris que la rodea es su margen de error, que va de 21,2% a 23,2%.
- La línea horizontal de cada región es su margen de error (intervalo de confianza al 95%): el valor real de la región se encuentra, con alta probabilidad, dentro de ese rango. Las regiones con menos personas encuestadas tienen líneas más largas.
- Una región está sobre o bajo el promedio nacional solo cuando su línea no toca la franja gris. Si la toca (en gris), la diferencia con el promedio no es concluyente.
- Ejemplo: en La Araucanía, el 31% de las personas mayores vive con dependencia funcional, casi 9 puntos más que el promedio nacional; en Magallanes, el 11%, la mitad del promedio.
Porcentaje de personas de 60 años y más con dependencia funcional en cada región. El criterio de comparación con el promedio nacional (intervalos que no se traslapan) es conservador: diferencias pequeñas pueden no aparecer como significativas. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
La dependencia funcional en las personas mayores va desde el 11% en Magallanes hasta el 31% en La Araucanía. Las regiones del centro-sur (Ñuble, Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos) presentan los valores más altos, y La Araucanía y Los Ríos superan claramente el promedio nacional. En el otro extremo, Magallanes y Antofagasta tienen la menor dependencia funcional del país.
La diferencia no se explica simplemente por la ruralidad: la dependencia funcional es prácticamente igual en zonas urbanas, con 22,1%, y rurales, con 23,1%. Las brechas territoriales parecen responder más bien a la composición social de cada región (edad, ingresos y nivel educacional de su población mayor), algo que el modelo multivariado permitirá examinar.
7. Análisis multivariado: ¿qué factores se asocian con la dependencia funcional?
Los gráficos anteriores muestran cada factor por separado. Pero la edad, los ingresos y la educación están relacionados entre sí: las personas mayores de más edad suelen tener menos años de estudio, y quienes tienen menos educación suelen vivir en hogares más pobres. Para distinguir el peso de cada uno se estimó un modelo de regresión logística con diseño muestral complejo, que considera simultáneamente la edad, el sexo, el quintil de ingreso, el nivel educacional y la zona (urbana o rural).
- Cada línea es un perfil de persona mayor. El modelo estima qué probabilidad tiene ese perfil de vivir con dependencia funcional en cada rango de edad.
- La línea granate es una mujer de un hogar del quintil más pobre y sin educación formal; la azul, un hombre del quintil más acaudalado con educación superior; la gris punteada, un perfil intermedio.
- La línea horizontal punteada parte del primer punto granate (60 a 64 años), que marca un 34%, y llega hasta el último punto azul (85 años y más), que marca un 36%: ambos perfiles tienen la misma probabilidad, aunque los separan 20 años de edad. No muestra lo que le ocurrirá a una misma persona con los años, sino una comparación entre personas distintas en un mismo momento.
- Son probabilidades estimadas por el modelo para perfiles tipo en zona urbana, no porcentajes observados directamente en la encuesta.
Probabilidades predichas a partir de una regresión logística binaria (con dependencia funcional = 1) estimada con R, con muestras complejas (estrato, conglomerado y factor de expansión), en la subpoblación de 60 años y más (n = 9.167). R² de Nagelkerke = 0,18. Fuente: elaboración propia con datos de ENDIDE 2022 (SENADIS – MDSF).
Al considerar todos los factores a la vez, la edad, el sexo, el ingreso y la educación mantienen una asociación significativa con la dependencia funcional (p < 0,001 en todos los casos). La zona, en cambio, no muestra diferencias una vez que se consideran los demás factores, lo que es coherente con lo observado en la sección anterior.
| Factor (categoría de referencia) | Categoría | Razón de odds (OR) | IC 95% |
|---|---|---|---|
| Edad (60–64 años) | 85 años y más | 8,4 | 6,7 – 10,5 |
| Sexo (hombre) | Mujer | 1,56 | 1,36 – 1,78 |
| Ingreso (quintil V, más rico) | Quintil I | 1,75 | 1,41 – 2,17 |
| Quintil II | 1,74 | 1,38 – 2,19 | |
| Quintil III | 1,44 | 1,15 – 1,80 | |
| Quintil IV | 1,36 | 1,09 – 1,70 | |
| Educación (superior) | Sin educación formal | 2,84 | 1,96 – 4,10 |
| Básica | 1,55 | 1,23 – 1,96 | |
| Media | 0,98 (n.s.) | 0,77 – 1,24 | |
| Zona (rural) | Urbana | 1,13 (n.s.) | 0,94 – 1,35 |
OR mayor que 1: mayores chances de dependencia funcional que la categoría de referencia, manteniendo constantes los demás factores. n.s.: no significativo. Edad: la razón de odds crece en cada tramo respecto de 60–64 años (65–69: 1,2; 70–74: 1,4; 75–79: 2,4; 80–84: 3,7; 85 y más: 8,4).
- Sexo: con igual edad, ingreso y educación, las mujeres mayores tienen 1,6 veces las chances de vivir con dependencia funcional que los hombres.
- Ingreso: las personas mayores de los cuatro primeros quintiles presentan mayores chances que las del quintil más rico; la brecha es mayor en los quintiles I y II (1,7 veces).
- Educación: no haber tenido educación formal casi triplica las chances respecto de la educación superior. Entre educación media y superior no hay diferencias significativas.
En ese sentido, el resultado más importante aparece en el gráfico: una mujer de 60 a 64 años, del hogar más pobre y sin educación formal, tiene la misma probabilidad de vivir con dependencia funcional, un 34%, que un hombre de 85 años y más, del quintil más acaudalado y con educación superior, quien alcanza un 36%. Es decir, la diferencia en sus condiciones sociales pesa tanto como una diferencia de 20 años de edad.
Ahora bien, esta comparación debe leerse con cautela. Como ENDIDE observa a las personas en un solo momento, no permite afirmar que las variables de “desigualdad” aceleren por “necesidad” la dependencia funcional en la trayectoria de cada persona mayor: se comparan personas distintas, de generaciones distintas, y no a las mismas personas a lo largo del tiempo. Además, las personas de 85 años y más son quienes sobrevivieron hasta esa edad, lo que puede subestimar las diferencias en los tramos de más edad. Para hablar de una “aceleración” en sentido estricto se requerirían datos longitudinales, que sigan a las mismas personas durante su envejecimiento.
Cabe mencionar algo obvio pero necesario: estos resultados describen asociaciones, no relaciones causales. ENDIDE es una encuesta transversal, por lo que no permite establecer el orden temporal entre las condiciones sociales y la dependencia funcional, y el modelo explica una parte acotada de la variación (R² de Nagelkerke = 0,18). Aun así, muestran que la dependencia funcional en la vejez no depende solo de la edad, sino también de las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida.
Conclusiones
La dependencia funcional es una realidad extendida en la vejez. El 22,2% de las personas de 60 años y más (798.282 personas) vive con dependencia funcional, y el 8,0% presenta dependencia funcional severa. No se trata de un fenómeno marginal, sino de una condición que alcanza a una de cada cinco personas mayores en Chile.
La edad marca un ritmo, pero no explica todo. La dependencia funcional aumenta con la edad y se acelera desde los 75 años, hasta alcanzar a seis de cada diez personas de 85 años y más. Las mujeres mayores presentan más dependencia funcional que los hombres en todos los tramos de edad.
La desigualdad social es un proceso que va de la mano con el incremento de la dependencia funcional. Aun considerando la edad, el sexo y la zona, el ingreso y el nivel educacional mantienen una asociación significativa con la dependencia funcional. La distancia entre los perfiles sociales extremos es equivalente a unos 20 años de edad: a los 60 años, las personas mayores más pobres y sin educación formal tienen la misma probabilidad estimada que las más acaudaladas y con educación superior a los 85.
El cuidado no alcanza a todas las personas que lo necesitan. Un 32% de las personas mayores con dependencia funcional no cuenta con una persona cuidadora, y cuando hay cuidado, este recae mayoritariamente en mujeres (muchas de ellas también personas mayores). La brecha es más amplia en la dependencia funcional leve y moderada, donde la necesidad de apoyo es menos visible.
El territorio también es importante. La dependencia funcional va del 11% en Magallanes al 31% en La Araucanía, con valores más altos en el centro-sur del país, mientras que no se observan diferencias entre zonas urbanas y rurales.
En conjunto, estos resultados sugieren que las políticas de cuidado deberían considerar no solo la edad de las personas mayores, sino también las desigualdades sociales y territoriales que acompañan a la dependencia funcional, y el peso que hoy recae sobre las cuidadoras.
Alcances del análisis: ENDIDE 2022 es una encuesta transversal, por lo que los resultados describen asociaciones y no relaciones causales. La dependencia funcional se mide a partir de lo que informan las propias personas encuestadas, y las comparaciones entre regiones con pocos casos deben leerse con cautela.
Bibliografía
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Spector, W. D., Katz, S., Murphy, J. B., & Fulton, J. P. (1987). The hierarchical relationship between activities of daily living and instrumental activities of daily living. Journal of Chronic Diseases, 40(6), 481–489. https://doi.org/10.1016/0021-9681(87)90004-X
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